Psicología positiva y creatividad: una ventana abierta a la felicidad en tiempos turbulentos

La escena transcurre en un supermercado cualquiera, mujer joven de unos 30-35 años, seguramente trabajadora y con estudios universitarios. Empuja un carro de compra en el que transporta a su vez su primer retoño, el rey de la casa. Un niño de hermosos ojos y sonrisa encantadora de unos 3 años de edad. Ha visto algo que le apetece en la sección de dulces y la madre concienciada por tanta campaña contra la caries y la obesidad infantil, decide que la criatura ya ha superado su dosis diaria de azúcares y grasas saturadas.

El espectáculo está servido, el niño arranca con un llanto sonoro y estridente, bien ensayado, mientras su cara enrojece cual clavel reventón. Luego viene el ahogo entrecortado y en el momento que la madre intenta tomarlo en brazos, para hablarle con la pretensión de que entre en razón, practica su sofisticada pirueta de la “tensión en arco”, cosa que impide a la progenitora detener la actuación. La clientela ha dejado de repente sus compras y contempla expectante la actuación de la joven, como esperando para evaluar y poner nota a la primeriza. Súbitamente, en un arrebato de inspiración, la madre empieza a gritar con la misma intensidad e histeria que lo hace su polluelo y para sorpresa de la platea, el pequeño deja de llorar instantáneamente, observando a su madre con mirada perpleja. Fin del episodio y de la batalla.

Seguramente reconoceréis algo de esta escena en un antiguo anuncio de televisión sobre un producto farmacéutico. En aquél anuncio el eslogan venía a decir: “la mejor defensa es un buen ataque”. Pero evidentemente el spot puede ser utilizado para ilustrar otras ideas. En el post de hoy, pretendo que sirva para reflejar la fuerza y el potencial de la imaginación y la creatividad para cambiar nuestra vida, pero también como a menudo la solución a muchos problemas pasa por intentar acciones diferentes.

En este sentido, una nueva corriente en el campo de la psicología está tomando empuje en estas últimas décadas. Una nueva mirada ante los hechos de nuestra vida cotidiana. Diametralmente opuesta a la visión de la psicología tradicional, enfoca su investigación y su actuación, no en los trastornos psicológicos, la enfermedad y las carencias del individuo, si no en los estados emocionales positivos y en las potencialidades humanas. Tal vez os resulte familiar el nombre de Martin Seligman  e incluso hayáis leído alguno de sus libros. A él se debe la principal difusión que ha recibido este enfoque, conocido como psicología positiva.

Me parece especialmente adecuado y diría incluso que un estupendo revulsivo ante los tonos grisáceos  que está adquiriendo nuestra moral colectiva  desde que estalló la burbuja inmobiliaria. El aire está enviciado de una espesa atmósfera que poco a poco vamos compartiendo, que va calándonos hasta los huesos como una fina lluvia. No pasa un solo día en que no tengamos una charla, leamos una noticia, compartamos un comentario, chiste o imagen en nuestras redes sociales, que no estén cargados de negatividad, impotencia, denuncia, desencanto, o conformismo. Yo misma -confieso- me dedico a escrutar con lupa decenas de noticias y espolear comentarios demoledores con la bienintencionada creencia de que destapar el fraude, rascar la verdad, difundir las malas prácticas, el deshonor, el fraude, los abusos de poder, en resumen, esgrimir una crítica sin tregua “contra las fuerzas del mal”, puede contribuir en alguna medida a cambiar las cosas. La verdad es que – y aunque me cueste admitirlo- lo único que he conseguido es quemar valiosas horas de mi escaso tiempo personal en una especie de lucha contra molinos de viento. Tiempo precioso que podría haber dedicado a actividades más placenteras. Contrariamente, lo único que he conseguido ha sido colocarme al borde de un estado de quasi-permanente “cabreo” que en nada me beneficia ni lleva a lugar alguno.

Ante el futuro que nos auguran los medios de comunicación, la clase política, la UE, el BCE, el FMI y decenas de extrañas siglas correspondientes a oscuras organizaciones (u organizaciones de oscuros objetivos), sólo hay dos posibles caminos. Uno de ellos sería dejarnos llevar por los maremotos de la economía mundial, compadeciéndonos de nuestra suerte y preparando nuestro cuerpo y mente para los duros golpes que puedan venir, en una actitud de abnegado victimismo o espartana actitud. No se si se tratará de una buena solución, pero el encorvamiento de columna que padeceremos al adoptar esta postura, cuanto menos nos causará severos dolores de espalda. Pasado el varapalo, nada nos asegura que podamos volver a caminar bien erguidos. El otro, bastante más atrevido y acaso más complejo de poner en marcha, consistiría en tener en cuenta cuáles son nuestras mejores cartas (lo cual requiere un ejercicio de seria introspección y auto-conocimiento) y jugar la mano de la mejor forma posible. Dicho de forma sencilla y resumida: “¿Cómo ser más felices a pesar de las circunstancias utilizando nuestras fortalezas personales?”

Precisamente es aquí donde la psicología positiva puede pertrecharnos con las herramientas adecuadas para afrontar con éxito nuestra particular batalla: la mejora de nuestro bienestar personal. Aunque esta disciplina desarrolla sus investigaciones y experiencias en diversas áreas (creatividad, optimismo, humor, inteligencia emocional, fortalezas personales, resiliencia, etc.), me interesa hoy centrarme en la primera de ellas.

A diferencia del mensaje desolador, castigador y fatalista que esgrime el partido en el gobierno (sacrificio, resignación, pagar por los errores del pasado,…) la psicología positiva pretende ayudarnos a ser más felices enseñándonos -entre otras cosas- a centrar nuestros esfuerzos en la valoración, la apreciación tanto de nosotros mismos como de las personas que nos rodean y en nuestras posibilidades y capacidades. Es lo que se conoce como pensamiento apreciativo. No se trata de ascender de repente a los Mundos de Yupi y pretender que no existen un sinfín de cosas en la economía, la política, la sociedad, que no funcionan. Pero sí estoy de acuerdo con Seligman en que, como mínimo, deberíamos dar tanto peso a las valoraciones positivas como se lo damos a las negativas cuando analizamos un problema o situación concretos.

Hacer las cosas de la misma manera no puede más que conducir a idénticos resultados. Por ello juega un papel tan importante la creatividad en estos tiempos turbulentos. Uno de los corolarios que difunde la psicología positiva sería: “intenta hacerlo de una forma diferente” (y observa a ver que pasa). Hay múltiples ejemplos de ello que han dado excelentes resultados, por tanto no estamos hablando de pseudo-ciencia o palabrería para vender libros de auto-ayuda. Un ejemplo reciente es el de Raül Calabria que diseñó un original currículum aprovechando el potencial creativo de las nuevas tecnologías (y por supuesto el suyo propio).

Dos son a mi entender los principales valores de la creatividad y la imaginación: son gratuitas y las poseen todos los seres humanos, aunque las convenciones sociales y en gran medida la educación tradicional haya tendido siempre a cercenarlas en pro de los dogmatismos y la tendencia a la homogeneización.

La cultura popular guarda en su haber algunas concepciones erróneas pero también posee valiosísimos saberes. Como aquella máxima que dice: “el hambre agudiza el ingenio”. Ha llegado pues el momento de confrontar la validez de dicha afirmación y demostrar que la salida a la actual situación no es una cuestión de recortes presupuestarios o cambios tributarios, si no sobre todo de revolución en las actitudes y la forma de concebir el mundo que nos rodea. Un momento idóneo para recordar el genio de Einstein cuando decía:

Soy lo suficientemente artista como para dibujar libremente sobre mi imaginación. La imaginación es más importante que el conocimiento. El conocimiento es limitado. La imaginación circunda el mundo.

Acaso hemos vivido demasiado tiempo recostados confortablemente en unas formas de hacer que por comodidad hemos ido repitiendo. Pero nos acucian nuevas realidades y nuevos problemas que requieren soluciones nuevas y eso sólo puede conseguirse con imaginación. Afortunadamente, el momento tecnológico es tal que permite explotar toda esa riqueza creativa de una forma nunca imaginada y difundir esa nueva mirada de forma universal. Desempolvemos pues todo ese talento enterrado y contagiémonos los unos a los otros en una auténtica operación de marketing viral que nos haga creer que otro mundo es posible.

Imagen: http://www.eldiariodetenerife.com

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About Roser Escriche

Economista y antropóloga. Profesora de Administración y Finanzas. Interesada en todo aquello relacionado con el comportamiento humano y las cuestiones sociales.
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