De la imprenta de Gutemberg a la defensa de la libertad en Internet de Guttemberg: el extraño nombramiento de la Comisión Europea

No cabe duda de que la política es un entramado de intrincadas relaciones, arduas y complejas negociaciones, sutil intercambio de favores unas veces – presiones puras y duras otras – y ocultas finalidades, difíciles de aprehender para quienes vivimos en una esfera de la vida que a veces se me asemeja como de otra dimensión. Que le pregunten si no al Excmo. Señor Iñaki Urdangarin hasta que punto su vida se ha complicado, independientemente de que sea imputado o no y culpable o no de alguna falta o delito a raíz de la investigación del caso Palma Arena. De momento ahí está, dando vidilla a titulares de diarios aquí y en ultramar, inspirando el teclado de un buen puñado de blogueros y llenando las insulsas revistas de prensa rosa con el morbo que da ensuciar reputaciones impolutas y conductas intachables de toda índole. Seguramente ninguno de esos medios tenga la verdad en su poder, pero probablemente ésta dance entre unos pucheros y otros.

De complejidad política e interpretación difícil, por no decir de opacas intenciones, me resulta también el nombramiento de Karl-Theodor zu Guttenberg como consejero del programa No Disconect, promovido por el comisariado europeo de la Agenda Digital, en un intento de promover la libertad en Internet en países gobernados por regímenes autoritarios.

De entrada me parece pretencioso dar clases de… (lo que sea) al resto del mundo “no civilizado” a criterio y clasificación de quienes supuestamente se creen herederos de la democracia y la libertad. Recordemos aunque sólo sea anecdóticamente, los planteamientos de Cameron para bloquear la telefonía y las redes sociales durante los disturbios de agosto en Reino Unido, la por tantos vilipendiada Ley Sinde, los ramalazos controladores de Francia o el intento de Barak Obama de hace apenas un año de modificar la ley para permitir el acceso de las autoridades al tráfico de datos  en la red por motivos de seguridad.

Más bien parece este programa comunitario una agenda de adoctrinamiento ideológico que de ansia de libertad mundial, dado que el núcleo principal de sus actuaciones va dirigido al apoyo de activistas en países con regímenes totalitarios. Y no es que no defienda la noble causa de la libertad y la democracia para todos los ciudadanos y ciudadanas del mundo. Si no que no puedo evitar dejar de pensar en que la extensión de la democracia “por la fuerza”, léase intervenciones militares o requisito indispensable para recibir ayudas del FMI, han tratado en el fondo de sentar las bases para la aparición de estados políticamente estables y abiertos al exterior que permitieran desarrollar relaciones comerciales internacionales a las economías ya de por sí desarrolladas, a pesar de la forma – aparente- de enarbolar la causa de la libertad y la democracia para sus gentes.

Por otro lado resulta cuanto menos paradójico que haya recaído tal nombramiento en el ministro de defensa alemán, justo cuando se ha abierto en el parlamento toda una polémica en torno a la decisión tomada por la Universidad de Bayreuth de retirarle su doctorado en derecho al ser acusado de plagiar los trabajos de 15 autores. A pesar de que pueda tratarse de una maniobra política de desprestigio contra quien hasta hace poco gozaba de gran popularidad en su país, no deja de ser -al menos en mi opinión- una tacha hacia su honradez. Las excusas y disculpas de Guttenberg, me parecen de patio de colegio, porque cualquier universitario/a sabe, o debería saber, lo practique o no, que cualquier trabajo de investigación, cuanto más una tesis doctoral, están sujetos a estrictas normas de referencia y citación. Defender la libertad en Internet, debiera contener ineludiblemente, le pique a quien le pique, la idea del respeto a las ideas, reflexiones y realizaciones ajenas y la consiguiente mención a su autoría. Digamos pues que el señor ministro va un poco flojo de estos temas. O acaso sea un castigo ejemplificante de esos que aplica mi muy admirado juez de menores de Granada, el señor Don Emilio Calatayud.

Tal vez yo empiece a estar un tanto trasnochada, pero sigo creyendo en aquella famosa sentencia de Cayo Julio César que reza: “La mujer del César no sólo debe ser honesta, si no además parecerlo”.

Imagen: http://www.amaliorey.com

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About Roser Escriche

Economista y antropóloga. Profesora de Administración y Finanzas. Interesada en todo aquello relacionado con el comportamiento humano y las cuestiones sociales.
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