Hacia la distopía a través del monopatín eléctrico

Barcelona es una ciudad moderna, icono turístico, de desarrollo innovador, de urbanismo, de iniciativa empresarial, y de muchos otros parabienes. En Ciutat Vella, donde habito, observo un buen puñado de formas de transporte, desde las sencillas bicicletas a los tuneados coches, las motocicletas incluso con sidecar, el minibús,  pasando por el patinete y muchos monopatines. Sorprende la afición por estos últimos y los numerosos puntos donde los skaters se reúnen a realizar sus acrobacias. Nada que objetar a estas actividades, sobre todo si han detectado aquel mobiliario urbano irrompible en el que emplearse.

Supecool con sus super hoverboards (de Superfame)

Sí tengo que comentar respecto al nuevo gadget que comienza a proliferar en nuestras aceras y que me tiene particularmente aterrado. Se trata del monopatín eléctrico, si bien también es aplicable al monociclo eléctrico. Al parecer ha podido ser el regalo estrella de las pasadas navidades y, ciertamente, desde entonces veo más en la calle. El público que lo usa es variado. He visto a dos pequeñas ruedas  a  niños de no más de 8-10 años y a treinteañeros supuestamente modernos, pasando por adolescentes futboleros y camellos de barrio. Afortunadamente no he visto ninguna persona de más de 50 montando semejante artilugio.

Más allá de los posibles accidentes e inconvenientes para los viandantes, lo que me preocupa de este nuevo medio de transporte es a lo que nos acerca. Considero el andar como una de las prácticas más básicas del ser humano;  al mismo nivel que comunicarse, comer,  beber,  y otros menesteres. Pues bien, los chismes estos son tan fáciles de usar, nos transportan tan cómodamente por nuestras calles, centros comerciales y suelos perfectos de aeropuerto, que ya puestos, dejemos de andar; ya iremos al gimnasio a andar en la cinta andadora, cerca de nuestro monitor o monitora de fitness buenorro o buenorra. Sé que es una exageración pero peores cosas se han visto, y algunos ya lo ha previsto graciosamente en el cine. ¿Terminaremos como los seres humanos de Wall-E? (Ver video). Tiempo al tiempo, pero si ya hay estudios que relacionan la obesidad con el uso de las tecnologías de la información y las comunicaciones, ¿Qué será de nosotros si usamos masivamente estás tecnologías-de-transporte-para-ir-a-la-esquina, TTE o TT>.

Y ciertamente, estos cacharros los carga el diablo.

Y siempre puedes rescatarlo de la piscina lanzándote al agua; eso sí, no te olvides hacerlo con el móvil con el que te hacías un selfie.

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About Pablo Díaz Luque

Doctor en Economía. Profesor de la Universitat Oberta de Catalunya, Departamento de Economía y Empresa.
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