Adagio o Allegro: una reflexión pausada sobre nuevas tecnologías y la aceleración de los ritmos vitales.

“Lo que quiero, lo quiero ya”. Así rezaba el eslogan de una campaña publicitaria de telefonía móvil de 2008. Sus avispados creadores habían captado sutilmente en esa breve sentencia, una cualidad muy representativa de las nuevas generaciones: la inmediatez.

No sé hasta que punto somos conscientes del modo en que la inmersión en las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación está modificando nuestros hábitos, conductas y formas de interactuar con quienes nos rodean. Pero no sólo se trata de una alteración externa, según concluye un estudio del neurocientífico Gary Small, el uso de Internet modifica el funcionamiento del propio cerebro. Nos enfrentamos pues no ya a cambios conductuales y actitudinales si no a una transformación fisiológica, que según el propio Small proviene del impacto más profundo habido en toda la historia de la evolución humana. Estamos tan fascinados con las posibilidades cognitivas y las habilidades que la tecnología digital puede llegar a desarrollar en nuestro cerebro que nos olvidamos de aquellas que se irán perdiendo por falta de uso, sin pararnos a pensar si ésas que se van, son también necesarias para nuestra supervivencia y calidad de vida. O si valdría la pena desarrollar actividades alternativas para retenerlas. Una especie de gimnasia cerebral que fortalezca aquellas conexiones neuronales que el uso de la tecnología digital deja abandonadas.

Una característica realmente destacable de las TIC’s es la inmediatez de respuesta en las comunicaciones,  la transmisión de información y la velocidad cada vez mayor a que se realizan muchos procesos. ¿Son los individuos los que con sus deseos, exigencias y necesidades cambian las prestaciones de los productos y servicios online? ¿ O acaso son las cualidades intrínsecas de esos productos las que, al ser usados, cambian a las personas?. Seguramente se trata de dos fenómenos que se retro-alimentan mutuamente.

Ante este panorama de aceleración de la vida cotidiana y de renuncia a la recompensa de la espera podríamos adoptar una simple actitud de aceptación, adaptación o comprensión: los tiempos han cambiado y con ello las personas también. O admitir que existen situaciones en la vida que requieren inevitablemente un tiempo de espera y que por tanto necesitamos conservar cualidades adecuadas para afrontarlas. Aunque dichas cualidades sean diametralmente opuestas a las que están estimulando las nuevas tecnologías.

Intentemos pensar por ejemplo en el periodo de gestación de una primeriza joven representativa de la juventud digital y ese largo tiempo de espera -dicho sea de paso, inevitable- hasta tener su bebé entre sus brazos. Pensemos luego en los largos años de educación que necesitará esa criatura, educación que pondrá en juego la tenacidad, perseverancia y paciencia de sus progenitores en el intento de inculcar hábitos y normas socialmente adecuados.

Pensemos ahora en términos laborales. Es posible que en determinados puestos de trabajo una rápida capacidad de respuesta sea requisito indispensable para alcanzar la excelencia, pero existen muchos otros donde lo que se requiere es una habilidad especial para detenerse a pensar. Imaginen al personal científico investigando en un laboratorio sobre la forma de desarrollo de una determinada enfermedad. ¿No esperan encontrar a alguien capaz de superar las indagaciones fallidas y perseverar en su esfuerzo hasta hallar la solución? Muchos proyectos requieren de esa capacidad de espera, reflexión y concentración.

No es de extrañar que ante ese mundo de prisas y velocidad, haya florecido el movimiento slow como una filosofía alternativa que reivindica la ralentización de la vida diaria, para una mejor aprehensión de lo vivido, volviendo la mirada a los tempos de la naturaleza y la valorización de las relaciones humanas. Para quienes estén dispuestos a “perder un poco de su tiempo”, RTVE realizó un documental dedicado a este movimiento que tituló Tiempo al tiempo, donde recogió muy acertadamente la esencia del slow movement.

Fotografía: neetciencia.com

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About Roser Escriche

Economista y antropóloga. Profesora de Administración y Finanzas. Interesada en todo aquello relacionado con el comportamiento humano y las cuestiones sociales.
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6 Responses to Adagio o Allegro: una reflexión pausada sobre nuevas tecnologías y la aceleración de los ritmos vitales.

  1. Elisa says:

    Da la sensación que en la actualidad como bien explicas, las personas hemos perdido la capacidad de sentarnos debajo de un árbol mirando a los pájaros, sintiendo como el viento nos roza la cara, disfrutando de la naturaleza y de no hacer nada. Cada vez más el estado contemplativo se está perdiendo. Se avanza muchísimo en I+D pero poco a poco se va perdiendo lo que realmente importa.
    Me gustaría añadir que el hecho de querer las cosas “ya” y rápidamente, quita importancia al esfuerzo y el orgullo que te puede proporcionar el hecho del proceso en sí.
    Es bien sabido que a nadie le gusta esperar por nada, pero es necesario y a veces inevitable. Hay un dicho que reza: “Cada cosa a su tiempo, y un tiempo para cada cosa”.

    • Como bien dices, la inmediatez exigida en el cumplimiento de metas, sueños y deseos, no permite valorar adecuadamente el esfuerzo invertido en conseguirlos y que redundaría en un aumento de la propia autoestima. Pero la verdad es que quien no valora no echa en falta y por tanto ese aspecto de los propios actos no tiene ningún sentido. Uno de los problemas no es, pienso, si las nuevas generaciones tienen o no determinadas actitudes ante la espera, si no, si la pérdida de esas actitudes, puede significar en el futuro algún tipo de riesgo o de pérdida en la calidad de vida y la propia calidad como personas. El otro es por supuesto cómo afrontarán los tiempos de espera inevitables, aquellas personas crecidas en la impaciencia y la gratificación inmediata, atributos que parece estar acelerando el consumo intensivo de Internet.
      Gracias por tu contribución.

  2. Joan says:

    Como grupo creo que, igual que con todos los avances tecnológicos desde que el ser humano consiguió dominar el fuego, se trata de gestionar con inteligencia los beneficios que las TIC’s ofrezcan, y evitar aquellos usos inadecuados que inexorablemente conllevan perjuicios y dependencia. Transcurrido el tiempo suficiente de asimilación, la novedad, se convierte en cotidianidad y aquello que inicialmente representaba una amenaza a nuestra forma de vida, se convierte en algo casi imprescindible, tal y como en su dia ocurrió con el automóbil o el avión por ejemplo. Como individuos y en la mayoria de situaciones, todos exigimos máxima diligencia y presteza en la solución de nuestras necesidades, y reclamamos tranquilidad y paciencia a los demás a la hora de dar respuesta a las suyas. El convencimiento de la dualidad de cuanto nos rodea y la búsqueda del equilibrio en cualquiera de nuestros actos nos permite crecer como seres humanos y evolucionar como especie.

  3. Tu forma de explicar cada cosa en cada parrafo es
    bastante amena y facil de entender, sigue escribiendo así!

    • Gracias por tu comentario. Me alegro de que lo percibas así. Personalmente creo que complicar una exposición favorece la exclusión (yo se/tu no) y frena el análisis y la crítica de terceros (no entiendo mucho de lo que hablas, ¿cómo voy a cuestionar nada?)

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