Dieta a base de genes.

Los genes no engordan, a no ser que estén implicados en hormonas tiroideas por ejemplo. Además, ocupan poco espacio y no tienen sabor. ¿Qué me diría usted si le planteo que sigue una dieta rica en transgénicos? ¿Me creería?.

Dando una pequeña vuelta por la blogoesfera, he encontrado un post comentando una noticia sobre el tema que nos ocupa. La Unión Europea va a aumentar las medidas de control sobre los transgénicos que vayan a comercializarse. Y en la foto principal aparecen dos hombres con frases como “Transgénicos NO” o “Yo no quiero transgénicos”. No veo por ningún lado ninguna defensa de los transgénicos, ni nadie detrás con un cartel que diga “Yo sí los quiero”. Supongo que esos dos hombres, cuando llegan a casa a la hora de comer y se encuentran en la mesa un plato de patatas fritas, fresas o algún tomate en la ensalada, sacarán el mismo cartel que se muestra en la fotografía. ¿Usted qué piensa, lo harán o no?.

No lo sé a ciencia cierta pero, no creo que rechacen ninguno de esos alimentos. Ni siquiera sabrán que esos productos son transgénicos. Los transgénicos han existido toda la vida, todo empezó con la mejora vegetal clásica. Esta mejora vegetal consiste en cruzar dos especies puras, a las que llamaremos parentales, para generar una nueva especie a la que denominaremos híbrido. Hay un cereal denominado tritordeum que viene del cruce de trigo y cebada. En ella lo que hacemos es crear un nuevo individuo con genes de ambos parentales.

Y ustedes dirán ¿qué es un transgénico?. Yo, exceptuando en mi carrera, siempre he escuchado que es algo “malo” que llevan ciertos vegetales. Pues un transgénico realmente es aquel que ha sido modificado genéticamente mediante ingeniería genética (una serie de técnicas basadas en la modificación del número, posición o variante de un gen). Esa fama que llevan consigo los alimentos transgénicos viene determinada por dos razones: una de ellas es la ignorancia. Permitanme que lo diga así, nadie ha sabido explicarme bien nunca el porqué sí. La otra es la incertidumbre hacia lo desconocido.

Abriendo un debate con unos compañeros, nos pusimos en la piel de esos dos hombres y en la de los activistas de Greenpeace . Si pasáis a leer el enlace, veréis como sólo hay frases tipo  “Los OMG (organismos modificados genéticamente) amenazan nuestra salud, deterioran el medio ambiente y destruyen la agricultura familiar o sostenible“. Pero no he conseguido encontrar en ningún lugar el porqué de su peligro.

Uno de los motivos que dan algunos de los que han se “han molestado” en informarse es el peligro de transferencia horizontal, es decir la posibilidad de que esas modificaciones sean transferidas a nosotros. Se puede realizar por tres caminos:

1.- Conjugación: en el que el material genético pasa de una célula a otra por contacto entre ellas.

2.- Transducción: fenómeno en el que el material genético pasa de una célula a otra a través de virus infecciosos.

3.- Transformación: en el que el material genético lo toma directamente la célula de su ambiente.

Por supuesto, como se muestra en la noticia, estos alimentos deberían llevar un control exhaustivo, pero tanto estos, como cualquier otro, cuando hay un mínimo riesgo de que corra peligro nuestra salud. De hecho siempre lo han tenido, son objeto de muchas críticas. Gracias a los grandes estudios que se realizan se ha disminuido la posibilidad de que se produzca transferencia horizontal a una cifra ínfima. Entre las soluciones, se encuentra la separación a varios metros de cultivos transgénicos y no transgénicos, lo cual impediría la polinización de éstos, y con ello el fenómeno de transferencia. Lo que no entiendo es por qué hay ese excesivo miramiento para especies nuevas y no para productos comunes como la patata o el tomate. La patata original tiene un sabor amargo porque acumula un alcaloide(toxina), y sin ser tratada genéticamente, nos habría sido imposible consumirla. La transferencia horizontal también se produce de forma natural en el medio.

Otro problema que se plantea es que estamos utilizando la naturaleza como un negocio y nos estamos olvidando de preservarla. Precisamente, muchas de las técnicas utilizadas para obtener transgénicos y demás también tienen en consideración el uso de los suelos, ya que aumentan la productividad y se aprovechan mejor las áreas de cultivo. Existen ya avances que ayudan a preservar dichas zonas, y en ellos la Biotecnología también tiene un campo abierto.

Ahora, mirando el tema desde un punto de vista social me planteo el fin de la Biotecnología en este campo. Gracias a estas técnicas, que recuerdo que llevan muchísimos años utilizándose, hemos conseguido aumentar la producción y con ello abastecer a la población. También tenemos variedades en alimentos o alimentos más ricos, que si esto no se produjese. Se vuelve a plantear un problema, ¿Biotecnología, necesidad o negocio? ¿Se puede abastecer la demanda actual sin el uso de transgénicos o de la ingeniería genética?. Al final va a resultar que es cierto, “somos lo que comemos“.

Imagen: Suite101 (Pintura de Diego Rivera)

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About Cintia Martínez

Biotecnóloga en potencia.Adicta a las redes sociales y Bloguera.
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