Transición de IPv4 a IPv6 (I): necesidad (aún) no resuelta

Durante los últimos años hemos contemplado -y también, sin duda, protagonizado- una explosión de Internet que ha superado de largo todas las previsiones. Tanto es así que la Autoridad de Asignación de Números de Internet (IANA) repartió el pasado 3 de febrero la repartió los últimos cinco bloques de direcciones IPv4 entre los distintos Registradores Regionales de Internet (RIRs). Nadie espera que tarden mucho en agotarse.

El protocolo IPv4, empleado masivamente en la actualidad, permite identificar un total de casi 4.300 millones de direcciones IP. Unos 2.000 millones de personas tienen acceso a Internet, y la mayoría de ellas tienen dos o más dispositivos conectados (ordenadores, smartphones, videoconsolas, televisores y hasta frigoríficos); no hay que ser ningún genio de las matemáticas para darse cuenta de que hemos alcanzado el límite disponible. Y si tenemos en cuenta que la población mundial se acerca con rapidez a los 7.000 millones de personas y que el acceso global a Internet es imparable, la necesidad de cambio en el protocolo de direccionamiento se hace ineludible.

Algo parecido sucedió con las matrículas de automóviles en España, que tuvieron en diferentes ocasiones tuvieron que cambiar su codificación ante el desmesurado crecimiento del parque en activo. Recordemos el cambio iniciado en el año 2000 a placas matrículas del tipo 1111BBB.

Pero ¿qué es esto de las direcciones IP?

Simplificando al máximo, una dirección IP es el identificador único de un dispositivo conectado a una red (típicamente, un ordenador conectado a Internet). Una dirección IP se corresponde con -pero no es- una URL (localizador uniforme de recursos), que para el usuario de un navegador de internet no es más que una cadena de caracteres que aparecerá o teclearemos en la barra de direcciones, como por ejemplo http://www.mundowiki.com. Cada URL está asociada unívocamente con una dirección IP, correspondencia que se encuentra almacenada en servidores DNS (sistema de nombres de dominio).

La transformación bidireccional entre URL y dirección IP es transparente al usuario. Sirva como ejemplo la agenda de nuestro teléfono: hoy en día no es necesario recordar el teléfono de nuestro amigo de toda la vida Kevin Jesús; buscamos su nombre en la lista y cuando iniciamos la llamada el teléfono se encargará de llamar al número correspondiente. De forma inversa, si tecleamos directamente el número de teléfono de Kevin Jesús, en nuestra pantalla aparecerá su nombre durante la llamada.

Dado que cada dispositivo conectado a internet precisa de una dirección IP para ser localizado, el sistema de registro de IPs debería ser lo bastante flexible como para almacenar suficientes direcciones. Y así lo fue porque, al fin y al cabo, cuando se definió IPv4 hace treinta años (RFC 791 de la IETF) nadie podía imaginar que tantos miles de millones de dispositivos llegarían a conectarse entre sí…

(Continuará… ;))

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About Juan Carlos Grande

Redactor y probador en coches.net. Apasionado de Internet, las nuevas tecnologías y -obviamente- el mundo del motor.
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